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Hola, te doy la bienvenida a mi blog. No soy una experta en esto, sólo me divierte hacerlo y creo que es un buen motivo para intentarlo. Me encanta hacer cosas y equivocarme. Me parece valiente arriesgarse, atreverse, tirarse al abismo, aunque te rompas el alma en la caída. Si pensás como yo, te invito a que leas y compartas mis palabras, mis ideas, mis locuras, y me digas qué te parecen; si tu intención viene con buena onda, cualquier cosa que digas me va a hacer bien, si no, te invito a que sigas buscando blogs por la web, seguramente habrá alguno con el que te sientas más identificado. No pretendo que te guste todo lo que aquí vas a ver, pero si vas a ofender con comentarios "mala leche", lo siento, jamás me voy a sentir tocada.
Saluditos...
Caro

domingo, 8 de noviembre de 2009

Esperando el impacto

Hace mucho que no escribo, y la vida me ha puesto en esta situación en que debo tomar decisiones radicales. Constantemente he decidido vivir con un pie en la montaña y el otro en el precipicio, jugando a caer y a no caer. Pero esta vez, el viento sopló demasiado fuerte, tuve que hacer equilibrio, agarrarme hasta sangrar de cualquier piedrita que sobresaliera, pero aún así no fue suficiente. El viento sopló y sopló y tuve que caerme definitivamente. Aún estoy cayendo, y estoy sintiendo el viento detrás de mis cabellos, sintiendo el vértigo de la caída, pero lejos de ese vértigo que siempre amé, lejos de esa adrenalina que siempre busqué, ahora es una sensación diferente. Es miedo, es dolor, es angustia, es saber que la superficie está muy cerca, y que pronto caeré y me estrellaré contra ella. Aún la veo lejana y chiquita, pero es tal la velocidad que he adquirido, que no tardará demasiado en llegar. Y una vez que impacte, con el alma ya fuera del cuerpo, me veré despedazada boca abajo, o boca arriba, sangrante por todos mis costados, los ojos quizás abiertos clamando por la ayuda que nunca recibí, ojos horrorizados que sabían cuál era el trágico final. Las manos cerradas, apretadas en un puño, el puño de la bronca por no haber recibido la vida que hubiera deseado, la bronca de no haber sido elegida nunca por el Amor, la bronca de no haber tenido la oportunidad de brindarme entera...
Mi alma me mirará triste, y se irá yendo hacia el lugar que le corresponda, al lugar donde se van las almas como la mía, desilusionadas, que nunca pertenecieron al tiempo que les tocó vivir, que siempre fueron exiliadas, expatriadas, enajenadas. Mi alma no estará sola. Quizás se encuentre con Bécquer, o con el joven Werther, o con todas las que murieron por amor. La mía no será la única. Será una de esas almas que hacen que la vida tenga sentido, que le dan rienda suelta a la pasión aún a costa de caer del Everest y reventar en la superficie.
Aún estoy cayendo. La tierra sigue lejana y chiquita, pero no tanto como antes, cada vez está más cerca. El aire de la atmósfera ha cambiado.
El cuerpo ya no se siente...
La cabeza ya no piensa...
El corazón no deja de latir...
Estoy muriendo, pero muriendo como viví, plenamente, aceleradamente, apasionadamente.
Muero como viví: amando... sin ser amada jamás.

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