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Hola, te doy la bienvenida a mi blog. No soy una experta en esto, sólo me divierte hacerlo y creo que es un buen motivo para intentarlo. Me encanta hacer cosas y equivocarme. Me parece valiente arriesgarse, atreverse, tirarse al abismo, aunque te rompas el alma en la caída. Si pensás como yo, te invito a que leas y compartas mis palabras, mis ideas, mis locuras, y me digas qué te parecen; si tu intención viene con buena onda, cualquier cosa que digas me va a hacer bien, si no, te invito a que sigas buscando blogs por la web, seguramente habrá alguno con el que te sientas más identificado. No pretendo que te guste todo lo que aquí vas a ver, pero si vas a ofender con comentarios "mala leche", lo siento, jamás me voy a sentir tocada.
Saluditos...
Caro

sábado, 6 de diciembre de 2008

LA MOSCA MUERTA

LA MOSCA MUERTA

En la paradójica oscuridad abismal de aquella noche anacrónica, en la que todo parecía normal, nos internamos lentamente, casi con pánico de mi parte, en ese lugar que frecuentamos tantas veces para satisfacer los naturales pedidos de nuestro organismo, cuando, sin pensarlo, dejamos –o a veces pensando- algunas otras actividades, que requieren alto grado de concentración, pero cuando el organismo apremia, no hay concentración válida, todo debe dejarse, y uno se dirige, casi inconscientemente, a ese lugar –o a veces totalmente consciente-, porque así lo quiere nuestra condición de profunda carnalidad., en esas noches donde no comprendemos qué estamos haciendo allí, porque en condiciones normales uno no se encuentra en el toilette de un colegio, y nos preguntamos qué significa esa visita, pero allí estábamos, ella y yo, yo y ella, y no me gustaba, no me agradaba para nada esa situación horriblemente real y onírica, pero el organismo apremiaba y ahí estábamos, entrando en el toilette del colegio a horas descomunales, pensando –yo- en lo horrible del caso, burlándose –ella- de mi pánico infantil, después de todo, ¡qué podía pasarme!, no era adulta mi actitud, ni mis nervios, y yo que no podía despedir mis desechos y ella que me gritaba desde su lugar, y yo que quería irme, y ella que se burlaba y me gritaba de su lugar; y yo que temblaba atormentada por la oscuridad insufrible de ese espantoso depósito de inmundicias y ella que me gritaba y se burlaba desde su lugar, y de pronto una cabeza me mira por encima de la puerta, y yo que la corro, porque conozco esa cabeza y me molesta que me miren cuando estoy en situaciones íntimas, y la cabeza que no me mira más por encima de la puerta, y ella que me grita y se burla desde su lugar, y yo conozco esa cabeza que me mira, atontada, fuera del mundo, amorfa, y ella que me grita, y la cabeza me espía por debajo de la puerta y yo la pateo, primero suavemente porque sé que lo hace de tonta nomás, luego otra vez por arriba, y le digo que no me moleste, que me molesta que me miren así, y la vuelvo a patear, y pienso en ella que está al lado, y, que yo tenía razón en tener miedo, porque no estábamos solas, y yo que peleaba con él y que escuchaba los gritos de ella, y yo que pateaba esa cabeza que había llegado insólita, y que no decía nada, que me miraba, me espiaba, me ponía loca, y yo la pateaba, y él, ni una mueca, siempre la misma expresión, siempre la misma morbidez, y ella que ni se había enterado de su visita, y de repente ella se calla y la cabeza desaparece, y yo que me levanto la ropa y cuando salgo, el cuerpo ensangrentado por doquier de ella, con la boca abierta, con los ojos abiertos, con la mano abierta, con el corazón abierto, y yo que me la choco, que la piso, que tropiezo, que corro, que grito, que no puedo creerlo, que me agarro la cabeza, que tiemblo, que busco la cabeza inocente y única culpable, que no está, porque sólo está ella, desnuda, en sangre, y yo que salgo del toilette, y corro, y lo veo, vestido con su ropa, mirándome sin entender, y salgo.
Y sale.

Esta mañana, doblaba la esquina de mi casa, y vi esa cara, y traté de recordar de dónde la conocía.
Después recordé que llevaba la misma ropa de la víctima de mis sueños.







Sigmundina Freud

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